¿HACER JUSTICIA O COBRAR VENGANZA?

 

 

Con frecuencia se emplea la expresión “quiero que se haga justicia”, la cual constituye una demanda legítima y compartida socialmente. Sin embargo, resulta pertinente cuestionar: ¿cuál es el límite de la verdadera justicia y en qué punto  se transforma en venganza?

Ante un hecho injusto que implique la pérdida de un bien o derecho propio, la reacción inicial suele orientarse a la recuperación de lo sustraído. Este impulso puede manifestarse a través de un proceso de reparación, ya sea en el plano ideativo, mediante el deseo de restablecer el orden vulnerado, o  mediante acciones orientadas a recuperar lo perdido.

Dichas acciones suelen estar acompañadas de emociones como la ira, la indignación y la frustración. Es en la gestión de estas emociones donde radica la distinción entre la búsqueda de justicia, que se rige por criterios de proporcionalidad e imparcialidad, y el acto de venganza, motivado por el deseo de retribución personal, en muchos casos guiado por traumas personales que se suman a la situación actual potenciando la carga emocional.

La transición de la justicia a la venganza ocurre cuando el propósito deja de ser la restauración del orden perdido y pasa a centrarse en infringir el sufrimiento al otro. En ese momento el criterio cambia de: ¿qué es correcto “a “cómo me desquito”?

Es acá es donde la ira moral sumada a la ansiedad y con hambre de corregir la injusticia que violó  la norma,  no se procesa adecuadamente y se transforma en resentimiento, elucubraciones, sinfín de pensamientos acelerados y deseo de daño personal.

En dicho proceso el hecho se interpreta como un ataque personal, activándose el mecanismo de defensa lo que conlleva una disminución de la confianza  especialmente en los mecanismos institucionales de justicia. Como consecuencia la concepción objetiva inicial de la justicia tiende a ser sustituida por una visión subjetiva, basada en el dolor emocional experimentado por el suceso  el que se suma a injusticias históricas personales y mandatos que no fueron canalizadas correctamente. Estas experiencias permanecen en la psiquis de la persona y se vivencian como eventos actuales que generan sufrimiento, al que  hay que defenderse atacando.

La justicia busca corregir un hecho objetivo, mientras que la venganza busca aliviar un sentimiento subjetivo. Ambas parten de la misma emoción, pero difieren en su objetivo final y en los límites éticos que se imponen.

Si el contexto se modificó, hay que considerar parar, pensar y replantearse la situación, a veces detenerse a tiempo es mejor que lamentarse.