Cuando decir la verdad te convierte en el problema del grupo.

 

¿Te pasó alguna vez que aportaste datos y de repente eras el que armaba lío?

Te doy una visión psicológica de la situación para que la entiendas y la manejes mejor.

En muchas conversaciones se prioriza el relato por encima del diálogo basado en hechos. Cuando alguien aporta evidencias que no encajan en esa narrativa, suele ser percibido como quien genera conflicto, en lugar de quien busca claridad.

Esta dinámica genera en la persona desestimada, varias respuestas emocionales como son incertidumbre, angustia y desorientación respecto al propósito de la interacción. Dicha afectación surge porque no se integran todas las perspectivas para el análisis del plan o para la comprensión integral del panorama que convoca al grupo.

Corresponde interpretar esta disonancia cognitiva que se manifiesta con claridad en la activación emocional. Ocupar el lugar de portador de la verdad incómoda, sitúa al sujeto en la posición de intruso peligroso. El grupo al negarse a reconocer su propio conflicto, lo percibe como una amenaza que viene a atacarlo en lugar de escucharlo.

El grupo necesita revisar su fantasía y el sujeto necesita no hacerse cargo de una culpa que no le corresponde.

Es importante saber que, si te pusieron alguna vez en ese lugar, no estás solo, aunque sientas que vas contra el mundo y que nadie te entiende.

Le pasa a quien se anima a cuestionar para construir algo más real, es más cómodo y fácil dejarse llevar por el grupo, pero si tu esencia es expresar lo que pensás y decir lo que sentís, hacelo, porque a la larga si no sos leal a tus principios el remordimiento de no haber hecho lo que considerabas responsable y leal a vos va a resultar en acumulación de estrés, ansiedad , autoestima baja y falta de respeto de la gente hacia vos.

Dormir bien, entre otras cosas, depende de las decisiones que tomes a lo largo de tu vida.

 En otras palabras, respetate y hacete respetar.