¿Por qué no puedo parar?

¿Cuántas veces te preguntaste: ¿cuándo voy a parar?

Ese dialogo interno aparece cuando algo que hacés, aunque sea conocido, ya te está dañando.

A pesar de saber el resultado de seguir insistiendo con esa actitud, no podés parar, tenés hambre de hacerlo y esa impotencia hace que te juzgues, te frustres, te enojes y deteriores tus vínculos personales.

Hacés cosas que después repudiás, ¿tal vez, por complacer a los demás, para que reconozcan tus capacidades, para que sean buenos con vos, para ayudar a los demás, para protegerlos o para sentirte necesitado?

Por el motivo que sea, tu decisión te baja la autoestima y la credibilidad ante los demás.

Por ejemplo, esa costumbre de decir que “sí” a todo y después pensándolo mejor te preguntás: ¿porqué presto dinero sabiendo que no me lo va a devolver, o porqué escucho sus problemas si cuando necesito lo mismo nunca puede?

También te pasa, cuando acordaste con tu pareja mantener una relación monogámica y no podés cumplir con tu palabra, o alimentás una adicción que te consume tiempo, dinero y vida.

Esta ambigüedad de comprometerte y no cumplir, te confunde, te desorganiza y te genera inseguridad, pero a la vez hay algo que te impulsa a seguir haciéndola.

Ese algo es la “calma” que sentís como resultado de ceer que tenés toda la situación bajo control.

La ecuación: CONDUCTA-CALMA-CONTROL, funciona hasta que no lo hace más, pero ya es hora de que sepas el porqué.

Hay motivos inconscientes que tus defensas psicológicas cuidan para que no salgan a la luz, para que no surjan a la conciencia.

Enterarte y recordar te produce mucho dolor, miedo a sentirlo y descontrol emocional por no poder evitarlo.

¿Pensá, cuántas excusas pusiste para proteger esas conductas que a la vez no querés tener más?

Cada excusa es una manera de defenderte, como cuando decís: “no es para tanto” o “lo hago porque estoy muy estresado” o a “partir de mañana no lo hago más”.

Negar, racionalizar y postergar, solo baja la ansiedad por un lapso corto de tiempo, pero el motivo y el estrés siguen creciendo ocultos, alimentando los traumas y los conflictos.

Modificar una conducta aprendida, que en la actualidad no la necesitás, no depende solo de tu voluntad y tu lógica.

Es necesario un espacio terapéutico para que un profesional capacitado te ayude en el proceso de encontrar los motivos de la reincidencia, que te está perturbando desde adentro y empeora cada día.

Entrar en crisis y entender el porqué, es el primer paso para cambiar.